“¿Para qué vamos a discutir sobre lo que seremos, si ni siquiera sabemos lo que somos ahora?”

Gibran Khalil Gibran

 

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Texto y fotografía: Nancy Torres López

Amor: tanto puede hacernos encontrar nuestro camino como puede direccionarnos hacia un sentido totalmente distinto de donde teníamos pensado ir, y perdernos.

Romances fugaces: pocas veces me enamoré, otras ni tiempo tuve para digerir lo que había ocurrido, si había yo actuado de la forma correcta, (o no). Quiero relatar acerca de mi poca experiencia en el amor que se vive rápida, abrupta, idiota y arrebatadamente durante ciertos episodios de los viajes.

Para mí el amor fugaz es estar presente con alguien a quien no conoces pero de alguna disparatada manera ya amabas. A veces con menos intensidad pero más gozo, luego con mucha más torpeza, o menos expectativas que superar…

Espejito, espejito…

La primera vez que conecté con un extraño fue en Real de Catorce (SLP), hace 7 años. Había un festival de jazz al que acudimos jóvenes y excéntricos de todo el país y uno que otro turista que había coincidido; yo iba temprano una mañana a visitar el pueblo fantasma, él acababa de pasar la noche perdido en el cerro.

Compartimos después risas y revelaciones en medio del mágico desierto de Wirikuta, ahí me dije a mi misma que sabía ya cómo sería yo si fuera hombre, luego él dijo que nunca se había “espejeado” tanto con una mujer. Hoy día es mi mejor amigo.

Después de ti

Empecé a viajar con un colega de la ciudad después de haber estado por más de un mes viviendo en Playa del Carmen. Según no tenía intenciones de nada, me venía bien un compañero para andar y ya… tres días tardé en tragarme mis palabras.

Anduvimos de Quintana Roo a la frontera con Belice, luego Campeche, pasamos por Tabasco, bajamos a frontera con Guatemala, al final Chiapas. Una de las últimas noches que pasamos juntos me dijo que a partir de ese momento me sería más fácil enamorarme, no lo entendí entonces, hoy sé que fue verdad. Después perdí casi todo contacto con él.

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“El italiano”

5 Países, 2 viajes, más de 3 meses juntos. El primer día estábamos preparados para estar la una con el otro pero de noche caímos dormidos; dice él que en ese momento decidió prefería tratarme cual hermana menor.

Primer hombre al que yo deseé tan abiertamente sin estar interesada emocionalmente en él como pareja; y que además se había negado a cooperar. ¡Y no importa! por muchas razones nadie puede negar nuestra conexión.

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Poliamor

En Tailandia me enamoré instantáneamente de alrededor de 10 hombres con los que viajé al segundo de conocerlos, de todas las nacionalidades, colores, tipos, sonrisas…

Sólo con un “gringo” tuve un trato amoroso real. Era mitad mexicano, no se le notaba ni en el apellido. Ha sido uno de los encuentros más apasionados que he disfrutado, estaba algo loco y eso me encantaba. Fue el primer amor que reconocí y acepté por su naturaleza efímera.

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Ya volverá/volveré

Estaba en Bogotá cuando uno de mis mejores amigos (de México) me invita a pasar año nuevo en Medellín. Siempre habíamos tenido un deseo especial la una por el otro, pero cuando intentábamos algo entre nosotros a mi parecer se tornaba incómodo al forzarlo tanto y no ocurría.

Bueno: sucedió ahí porque justo, como nadie nos conocía, nos daba la sensación de no tener nada que perder. Al regresar a México hubo discusiones sin sentido que hasta el día de hoy él ha decidido no hablarme. (Ya volverá/volveré).

Los hombres más extraños con lo que me he cruzado fueron un tibetano nacido en el exilio al norte de India (según de la fuerza militar tibetana), y un Sherpa MUY poco agraciado, dueño de un hostal en medio de las montañas en la zona del Himalaya nepalí (que había subido una vez a la cumbre del Everest).

Su encanto residió en que, aunque indiscutiblemente diferentes entre ellos, parecía ninguno haber tenido ni idea de lo que es tener tan cerca a una mujer. Además, los protocolos de cortejo que utilizaban parecían como de otro mundo, ¡pensar que para las mujeres de esas tierras ver actuar a un hombre así es de lo más normal!

En el avión del corazón del Himalaya a Katmandú, conocí a una chica española que llevaba cuatro años viajando y trabajando por el mundo. Desde ese momento no nos separamos ni un instante por los siguientes 5 días, hasta que no hubo más remedio que partir cada quien a hacia su destino.

Nunca me han atraído las mujeres como pareja, pero confieso que lo que ella significó para mí fue puro amor: me enamoré de su alma, su corazón y, aunque no la deseé, la disfruté los días que me regaló a su lado.

La última vez que me enamoré fue en mi último viaje: Cuba. Nos conocimos una noche de concierto, le grité un piropo pensando que no lo volvería a ver y no pasó más; por supuesto no esperaba encontrarlo trabajando a los dos días en un programa de radio en vivo.

Nos gustábamos, entendíamos y deseábamos. Durante dos noches fuimos completamente la una del otro. Nunca me había enamorado tan intensamente de un hombre con el que haya convivido tan poco tiempo, y entender que lo nuestro era irremediablemente perecedero fue difícil de afrontar. Aun así lo volvería mil veces a hacer todo con él, otra vez.

¡Eso! ¿Cómo sanar los corazones rotos? Nada me gustaría que más poder compartir una técnica infalible que haya sido por mi comprobada y así predicar con el ejemplo, pero nada está más lejos de la realidad.

¡Cuántas veces deseé no ser prisionera de las circunstancias!

El corazón es un músculo, cierto, pero también es la representación del lado más emocional e intuitivo, impulsivo, loco, arriesgado y compasivo de nuestro ser; el corazón representa nuestra capacidad de empatía y resiliencia, de entrega y tolerancia.  La mente es el verdadero corazón: domina tu mente y dominarás tus emociones, aflictivas y creativas.

Bien podría asegurar que todos (lectores y yo) hemos alguna vez escuchado a la mente decir desde lo más profundo del ser: Todo pasa por algo.

Hoy volteo hacia atrás y no puedo más que agradecer a aquellos compañeros de camino, hayan sido mencionados o no, porque cada uno de los que compartió su andar conmigo, formarán siempre parte de lo me ayuda tanto a crearme como a cambiar y mejorar.

¡Claro que se vale soñar! siempre y cuando seamos conscientes de la diferencia que hay entre experimentar el enamoramiento al conectarse con el alma de un desconocido, y el desear lo prácticamente imposible experimentando frustración y ansiedad a raíz de ello.

Sea como sea ¡nunca dejes de enamorarte!

El amor es medicina pura para el alma

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