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Por; Samara Saavedra

En mi memoria aparece un recuerdo, estoy frente a mi pastel de cumpleaños de 4 años, comprado por una de las amigas de mi madre, alrededor de ellas y sin nadie de mi edad apagué las velas. Aquello es importante porque la presencia de esas mujeres marcó mi vida y mi educación emocional. Desde el punto de vista que podía tener una niña de esa edad por supuesto.

A través de sus pláticas pude entender que mi madre y todas ellas tenían un nombre propio, que no eran “mamá” o “mamá de fulanito”. Así como yo y mis amiguitos ellas también tenían sus golosinas y restaurantes favoritos, querían salir a “jugar”.

Pude verlas cuando faltó el pan, ellas se quedaron cuando se fue papá. Cual aquelarre mamá se alió con todas esas otras mamás para darnos un circulo más familiar que la propia familia.

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Vi como formaron una vida individual, sin que por ello nunca se soltaran las manos.

Esas mujeres también sufrieron de complejos e inseguridades, pueden ser sus piernas, una obsesión por verse siempre jóvenes o una adicción a las fajas y tacones, sin embargo, nada de ello importó cuando se trató de pintarse la cara de múltiples personajes en Chapultepec o arrojarse a una piscina casi sin agua a “rescatar” a su pequeña.

Cuando niños poco sabemos sobre sobre nuestra madre, solo pudimos verla pasar largos ratos en el baño, salía arreglada y perfecta y pensábamos: Que lenta es mamá. Luego creces para enterarte que era el mejor lugar para llorar.

En aquellos momentos poco podíamos imaginar sobre lo absurdo que es romantizar los sacrificios de una madre y lo lejos que pueden estar de la felicidad.

Posiblemente también llegues a escuchar mucho sobre su adolescencia, sobre cómo conoció a papá, y tal vez te llegues a enterar si tuvo la libertad de decidir formar una familia o NO “Eran otros tiempos.”

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Si llegas a conocer mejor a mamá podrás darte cuenta que es una mujer igualita a ti y a todas tus amigas, que no sabía por dónde empezar, con miedos y frustraciones, con “ideas” heredadas, una mujer que rompió cadenas, que te heredo otras, que se equivocó, que perdió la paciencia, y si tú eres madre tal vez ahora puedas comprenderla.

De cualquier forma antes de felicitar quisiera agradecer a mi mamá y a otras muchas mamás que han sido parte de mi vida, porque antes que parir el mejor regalo que nos pudieron dar fue ser ellas mismas; fuertes e imparables, el mejor ejemplo.

Este texto es más para hijos que para madres, porque algunas ya se fueren y otras siguen ahí pero no esperarán por siempre que les demos el amor que merecen, tal vez hasta el perdón, porque ninguna fue perfecta pero todas nos han amado tanto como ni su propio ser creyó posible.

GRACIAS MAMÁS

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